Autorretrato

Algunas consideraciones previas

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Antes de empezar, es conveniente comentar algunas consideraciones previas:

Consideración primera. Cuando uno dibuja desde que era niño -o, mejor dicho, cuando uno no dejó de dibujar cuando abandonó la niñez- le puede resultar difícil de creer que el hecho catártico del garabateo pueda llegar a constituir una profesión. Si el dibujar es como el respirar, si el dibujar es una manera de ver, estar y repensar el mundo, entonces, convertir en un oficio ese acto natural -más cercano del sistema nervioso autónomo que de la rutina del oficinista- es la mayor de las suertes.

Consideración segunda. Siguiendo con el símil de las acciones involuntarias, la necesidad de dibujar siempre se ha activado en mí como lo hacen la dilatación de las pupilas, la aceleración del ritmo cardíaco o las contracciones estomacales; es decir, ante las llamadas situaciones E (escape, estrés, ejercicio y emergencia).

Consideración tercera. Por mi naturaleza, trato de que todo cuanto haga -a excepción de determinados trámites burocráticos y otras gestiones en lugares aburridísimos como son los ambulatorios, las comisarías de policía o las oficinas de correos- tenga algún componente, momento o vínculo que me interese, que me divierta, o, en el mejor de los casos, que sucedan ambas cosas. Ya sea mi función la de aportar las imágenes o los textos a un proyecto o ya sea como su ideólogo y organizador, me impongo como una norma el cumplimiento del caprichoso requisito de pasármelo en grande. El dibujante argentino Óscar Grillo cuenta algo parecido: “Un día me hice un contrato conmigo mismo. De niño, sentí la felicidad de ser; de pronto sos feliz: el aire, la luz, los pibes, la calle, el sol (…). ‘Toda tu vida, quiero que seas así’. Ese ser feliz le dijo al pelotudo que me habita la mayoría del tiempo: ‘tenés que vivir así’.”

Consideración final. Del mismo modo que somos el resultado de miles de años de evolución, todas las creaciones que producimos llevan una carga milenaria de referentes culturales y artísticos, de cultura visual acumulada, de personas que hallaron las soluciones técnicas, que propiciaron las renovaciones estilísticas, que sentaron las bases conceptuales, que allanaron el camino de quienes vinimos después. Desde Lascaux y Altamira hasta Piero della Francesca, hasta Picasso, hasta nuestros días, sería ingenuo pensar que alguna de las creaciones humanas naciera de la nada, pulcra, vestida de inocencia. Es por ello que he creído conveniente, honesto y quizás útil para otras personas, el incluir en esta web un apartado en el que compartir las obras y reflexiones de aquellas personas que me han servido de inspiración de alguna manera.

Expuestas estas consideraciones previas, sólo me queda darle la bienvenida y desearle que mi trabajo le interese, le divierta, o, en el mejor de los casos, que sucedan ambas cosas.

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